A cien kilómetros de Berlín

 

Küstrin era una ciudad de fortaleza a orillas del río Óder, a cien kilómetros al este de Berlín. Hoy ya no existe como la conoció mi abuelo. La Segunda Guerra Mundial la arrasó casi por completo.

Pero en 1896, cuando nació Ernesto Schreck Schültz, Küstrin era una ciudad prusiana orgullosa, con su fortaleza, sus calles ordenadas y su vida de provincia alemana.

Allí creció mi abuelo. Allí aprendió las primeras nociones de fotografía. Y allí le pilló la guerra.

En 1914, con 18 años, Ernesto fue movilizado. Siempre contó que le destinaron como fotógrafo militar, lo cual probablemente le salvó la vida. Mientras otros caían en las trincheras, él documentaba. Hacía lo que sabía hacer: mirar a través de una cámara.

Cuatro años de guerra. Cuatro años viendo lo peor del ser humano a través de un visor.

Cuando terminó, en 1918, Alemania era un país roto. El imperio había caído. La moneda no valía nada. Y Küstrin ya no era un lugar donde un joven fotógrafo pudiera construir una vida.

Ernesto tenía 22 años. Una cámara. Y ninguna razón para quedarse.

Así que hizo lo que hacían muchos jóvenes alemanes en aquel momento.

Se fue.

La semana que viene te cuento por dónde pasó antes de llegar a España.

Ernesto Schreck Mata Schreck Fotógrafos — Ourense Cuarta generación

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