La ciudad que desconfiaba del alemán

Ourense en los años veinte era una ciudad pequeña, de trato cercano y desconfianza con los de fuera. Todo el mundo se conocía. Y cuando apareció un alemán con acento extraño diciendo que venía a hacer fotos, la reacción no fue exactamente de bienvenida.

Mi abuelo abrió el estudio en la calle Alejandro Outeiriño. El mismo local donde yo sigo trabajando hoy, más de cien años después.

Los primeros años fueron duros. Muy duros.

El negocio tardaba en arrancar. Los ingresos eran escasos. Las familias ourensanas no tenían costumbre de gastar en fotografías, y menos con un desconocido. Ernesto era «el alemán». Así lo llamaban. No con crueldad, pero tampoco con cercanía.

En esos años, quien sostuvo todo fue Adoración.

Mi abuela atendía a los clientes, llevaba las cuentas, organizaba los encargos. Sin ella, el estudio no habría sobrevivido aquellos primeros años.

Pero antes de que las cosas mejoraran, llegó el golpe más duro.

La semana que viene te cuento lo que pasó el 31 de diciembre de 1929.

 

Gracias por tu tiempo.

Ernesto Schreck Mata

Schreck Fotógrafos — Ourense Cuarta generación

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