El alemán que llegó a Ourense sin hablar español

 

En 1922, un hombre de 26 años bajó de un tren en Ourense.

No conocía a nadie en la ciudad. No hablaba gallego. Su español tenía un acento alemán tan marcado que la gente lo miraba con desconfianza.

Llevaba consigo una cámara, una mujer embarazada y un plan que a cualquiera le habría parecido una locura: abrir un estudio fotográfico en una ciudad donde nadie le conocía.

Se llamaba Ernesto Schreck Schültz.

Era mi abuelo.

Había nacido en Küstrin, una ciudad prusiana a cien kilómetros de Berlín. Había sobrevivido a una guerra mundial. Había cruzado media Europa. Y había acabado en Logroño, trabajando en el estudio de mi bisabuelo Alberto Muro, donde se enamoró de su hija Adoración.

El aprendiz se casó con la hija del maestro.

Y después hizo algo que nadie esperaba: en vez de quedarse en Logroño, cogió a su mujer y se fue a una ciudad desconocida al otro lado de España.

¿Por qué Ourense?

Esa pregunta me la han hecho cientos de veces. Y la verdad es que no tengo una respuesta definitiva.

Pero sí tengo la historia de cómo llegó hasta aquí. Y empieza muy lejos de Galicia.

La semana que viene te llevo a Küstrin, 1896.

Ernesto Schreck Mata Schreck Fotógrafos — Ourense Cuarta generación

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